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Kairós estaba dando vueltas por el aire. Por el universo... esperando el momento indicado para bajar... para meterse adentro nuestro.
A Gasti, a Puri y a Fran los juntó el colegio. A Gasti y a Santi el trabajo. Y a los cuatro nos reunión el azar, el deseo y el salto al vacío.

Veníamos amigándonos con eso de "hacer lo que te gusta" , de buscar "lo que te gusta", de elegir "lo que te gusta" y cuando los cuatro ya estábamos saltando por el aire en esa búsqueda interminable, entonces bajó Kairós a nosotros. Y empezó.

El primer y único lugar que vimos fue El Chulo. Taller mecánico que ahora es nuestro teatro. Todas las paredes de Kairós tienen debajo las paredes de El Chulo lleno de firmas y de deseos de nuestros amigos y nuestra familia. Todas. Las del bar, las de la sala, las del camarín.


Fuimos a verlos todos por separado. Nunca lo vimos juntos hasta después de firmar el contrato de alquiler (Si. Alquilamos) Pensamos que al otro día de la firma íbamos a empezar a construirlo... pero tardamos un mes en empezar. No sabíamos que los planos podían tardar "por lo menos tres semanas". Tardaron cuatro. Algunos arquitectos nos miraron con cara (de verdad) de "están locos". No tanto.

Para resumir en una anécdota toda la construcción: habían que cavar cuatro pocitos de medio metro de profundidad para asentar las columnas... bien... no encontraban el "suelo firme" y dos de esos pocitos fueron de TRES metros y medio... tuvo que venir una excavadora GIGANTE para hacerlos. Nos temblaban las piernas. Y la billetera. La cantidad de bolsas de piedra y arena que hoy son columna... ni se imaginan.

Bien profundo tuvimos que ir. Sin metáforas y llena de ellas es nuestra historia.

Para llegar al nombre nos juntamos un sinfín de noches o tardes o mañanas... ya no lo sabemos. Solo tomamos té para inspirarnos... pero fue bajo el efecto de una cerveza... una sola... que logramos encontrarlo. Sería largo explicarlo paso a paso... pero coincidimos en un reconocido teatro off de colegiales los cuatro y la mesa que compartimos estaba frente a una placa que recordaba que en ese escenario había debutado un reconocido cantor de tango. Decidimos inventar a alguien que haya debutado en nuestra sala sin nombre y ponerle el suyo. Todo se fue desformando hasta encontrar otra forma y aquí entonces El método Kairós Teatro. Esa búsqueda constante del instante cero. De la página en blanco. Del salto al vacío. De esperar al momento oportuno para que todo suceda.

Un día antes de la apertura, y del ya mítico estreno de Varieté Brutal... la luz andaba mal... saltaban las térmicas y saltaban las térmicas y saltaban las térmicas, y eramos sinceramente algo más parecido a una cuartel de guerra que a una sala por estrenar.

Una vigilia llena de amigos se fue armando espontáneamente como si fuera la noche del preparto... porque lo era. Un electricista con dos termos de café que decía que "lo iba a sacar andando" TASCAQ que hacía su pasada general en un teatro que saltaba y saltaba y nosotros que no rezábamos porque no nos daba el cuerpo.

El 7 de marzo del 2014 la luz seguía sin andar y esa noche se abría o se abría. No queríamos ni hablar del tema. Edenor y todos los gremios que pasaban por la puerta nos decían que no sabían qué podía ser. Decidimos confiar... y aunque nadie lo crea... una hora antes... o dos... o cinco... la luz se estabilizó. Dejó de saltar como si hubiera encontrado ella también la tierra firme con nosotros y con todos los que al lado nuestro nos miraban con miedo y amor. Cómo limpiamos ese día... cómo corrimos. Cómo transpiramos.

Nos quedan a los cuatro jeans rotos, remeras llenas de pintura, algunos recovecos de Kairós llenos de arena y palabras sueltas como encofrado, hormigón armado, losetas, las vigas y las soldaduras que sostienen Kairós.

Acá estamos hoy escribiendo la historia que todavía es presente. Porque siguen hablando esas paredes. Porque cada tanto salta la luz para no olvidarnos que hay algo que late que es más grande que nosotros. Que respira. Y que los saltos al vacío no terminan nunca.

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